Es difícil asumir lo que le ha pasado al Grupo Capitol. Son muchos años, mucha historia para un club que ahora ve como el trabajo de tres décadas se hunde. Una entidad que sufre para sobrevivir economicamente en Acb tiene muy complicada su continuidad en categorías como la liga Leb.
Los jugadores han acabado con todo. Han dejado claro que su profesionalidad, sencillamente, no existe. Yo pienso en lo que supone para un jugador francés, americano, búlgaro o lituano sentir los colores de una ciudad como Valladolid. El deporte ha evolucionado, para bien o para mal, como la vida. Y el Grupo Capitol se ha visto sorprendido por algo así como un ‘cambio climático’. Nadie lo esperaba y todo el mundo lo negaba, pero alguno (al que no se le hizo caso) lo advertía. Y al final tenía razón.
Las lágrimas las ponen los que ’son del Grupo Capitol’. La gente de las oficinas, la gente de prensa y sobre todo, la afición. Esa que el año pasado obró el milagro y que este año se ha visto superada por una banda de maleantes.
Para el recuerdo queda una bonita historia de un equipo que se inició en la Feria de Muestras y que fue creciendo poco a poco como club para después jugar en Huerta del Rey y soñar en Pisuerga. Corbalán, Sabonis, Reyes…
Y personalmente, el agradecimiento será eterno por darme mi primera oportunidad.
La grandeza de un equipo no se mide por la veces que cae, sino por las que se levanta.